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  Así como no pronunciaría un discurso sin pensar (o escribir) lo que va a decir, no acudiría a una negociación sin saber exactamente lo que desea. Antes de negociar, necesita definir su propia posición, que es lo que quiere, a qué está dispuesto a comprometerse y que puede permitirse perder.  
   
     
 
 
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